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El Puente Colgante de Santa Fe, oficialmente llamado Ingeniero Marcial Candioti, es mucho más que una simple estructura que cruza la Laguna Setúbal. Es el corazón de la postal santafesina, un testigo mudo de la historia y un símbolo inseparable de la identidad de la región. Su silueta es reconocida por todos, pero su historia está marcada por una profunda cicatriz: una tarde de 1983 en la que la fuerza del río lo partió en dos, dejando una herida en el alma de la ciudad que tardaría casi dos décadas en sanar. Esta es la crónica de su caída y su posterior y triunfal resurrección.

Antes de que el icónico puente se erigiera, cruzar la Laguna Setúbal era un desafío monumental. A principios del siglo XX, la creciente ciudad de Santa Fe necesitaba desesperadamente un suministro estable de agua potable y una conexión vial fiable hacia el este. La historia de los primeros intentos es un relato de la pulseada constante entre la ingeniería humana y la implacable naturaleza del río Paraná.
El primer proyecto data de 1904: un puente de madera dura diseñado para sostener una cañería de agua y permitir el paso de vehículos. Sin embargo, la estructura no llegó a inaugurarse; una crecida en 1905 la destruyó por completo. En 1909, se construyó un “puente acueducto” de estructura mixta, pero solo duró tres años antes de que el río y los camalotes volvieran a vencerlo. Los intentos posteriores con estructuras metálicas (1915) y de hormigón armado (1917, 1920) fracasaron debido a los altos costos de la Primera Guerra Mundial o fueron interrumpidos y destruidos por nuevas inundaciones. La ciudad parecía destinada a ser derrotada por el río.
La perseverancia finalmente dio sus frutos. En 1922, el ingeniero santafesino Marcial Candioti, entonces presidente de Obras Sanitarias de la Nación, encomendó al ingeniero Antonio Paitoví el diseño de una solución definitiva. La propuesta fue audaz y elegante: un puente colgante semirrígido de tres tramos, una maravilla de la ingeniería para la época.

La construcción comenzó en 1924. Mientras los pilares y anclajes se construían localmente, la imponente estructura metálica, incluidas sus características torres, fue fabricada en Francia por la Societé des Chantiers et Ateliers de la Gironde. Las piezas fueron transportadas en barco desde Cherburgo y ensambladas en su emplazamiento final. Tras cuatro años de arduo trabajo y superar las pruebas de resistencia, el puente fue finalmente inaugurado el 8 de junio de 1928, llevando con orgullo el nombre de su principal impulsor, el Ingeniero Marcial Candioti. Durante 55 años, se convirtió en parte del paisaje y del corazón de cada santafesino.
Ese día quedó grabado a fuego en la memoria colectiva de Santa Fe. La ciudad estaba siendo azotada por una inundación histórica del río Paraná, con un caudal estimado de 50.000 metros cúbicos por segundo. La presión del agua sobre las bases del puente era descomunal. A las 16:30 horas, ante la mirada atónita de los vecinos que documentaron el evento con cámaras y filmadoras, lo impensable ocurrió. La antena este cedió y, en una lenta pero inexorable caída, la mitad de la estructura se desplomó sobre las aguas marrones de la Laguna Setúbal.
El emblema de la ciudad estaba partido. El diario El Litoral tituló esa tarde: “Un adiós que quiere ser hasta luego”. Pero ese “hasta luego” se convertiría en una larga y dolorosa espera de casi veinte años, con una parte del puente hundida en el lecho de la laguna, como un recordatorio constante de la pérdida.

La caída del puente no puede atribuirse a una única causa. Fue el resultado de una convergencia fatal entre un fenómeno natural extraordinario y una serie de intervenciones humanas que alteraron el equilibrio del ecosistema. El ingeniero Mario Schreider, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas, explicó años después las claves del desastre.
Por un lado, la crecida de 1983 fue la mayor de la que se tenga registro en términos de caudal y permanencia. Pero, ¿por qué tanta agua pasó con esa violencia por la sección del puente? La respuesta está en las acciones del hombre sobre el valle de inundación del río. La construcción de la Ruta 168, urbanizaciones como el barrio El Pozo y otros emplazamientos en territorio natural del río actuaron como un dique. La ruta, en particular, embalsó el agua, elevando su nivel casi un metro y forzándola a buscar una salida. Esa salida fue, trágicamente, el estrecho paso bajo el Puente Colgante.
A esto se sumó otro factor crítico: dragados mal planificados en la zona que generaron una “vía preferencial” para el escurrimiento del agua. Esta corriente concentrada socavó la base de la pila este del puente hasta que finalmente colapsó.

| Factor Natural | Factores Humanos (Antrópicos) |
|---|---|
| Crecida extraordinaria del río Paraná, la mayor registrada hasta la fecha. | Construcción de la Ruta 168 y otras urbanizaciones en el valle de inundación, actuando como un embalse. |
| Permanencia prolongada del alto caudal de agua. | Dragados mal diseñados que crearon un canal de erosión directo hacia la base del puente. |
| Falta de un ordenamiento territorial que respetara el espacio natural del río. |
Tras la caída, la estructura recuperada fue llevada al puerto, pero en una decisión polémica, gran parte del material original fue vendido como chatarra. El anhelo de los santafesinos por ver a su puente de pie nuevamente era inmenso. Finalmente, en abril del año 2000, comenzaron los trabajos de reconstrucción.
El proyecto fue un ejemplo de respeto por la historia. Se decidió preservar todos los elementos originales posibles, integrándolos con las nuevas piezas. La antena oeste, que sobrevivió al colapso, se mantuvo intacta. La nueva antena este fue construida en la ciudad de Esperanza, utilizando técnicas modernas de soldadura en lugar de los remaches originales, una sutil diferencia que distingue lo antiguo de lo nuevo sin romper la armonía visual. El 6 de julio de 2001, la nueva torre fue montada en una operación de gran complejidad. Finalmente, en septiembre de 2002, el Puente Colgante fue reinaugurado, y la ciudad recuperó su símbolo más querido.
Hoy, el Puente Colgante no solo cumple su función vial, conectando la Costanera Oeste con la Este, la ciudad con la Universidad Nacional del Litoral y barrios como El Pozo. Es un Monumento Histórico Nacional (declarado en 2014) y un Patrimonio Cultural Provincial (2012). Es el punto de encuentro para festejos populares, eventos sociales y el escenario de postales inolvidables. En 2017, se modernizó con un sistema de iluminación LED con más de un millón de variantes cromáticas, permitiendo que la estructura se vista de colores para conmemorar fechas especiales, demostrando que este ícono no solo resurgió, sino que sigue más vivo que nunca.
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