YPF: La estrategia detrás de una simple frapera
Descubre cómo un objeto cotidiano como una frapera revela la compleja estrategia de YPF para...
Babasónicos es mucho más que una banda de rock; es un fenómeno cultural que ha redefinido los límites de la música en Argentina y Latinoamérica durante más de tres décadas. Liderados por la carismática e inconfundible figura de Adrián Dárgelos, el grupo se ha caracterizado por una búsqueda incesante de nuevos sonidos, una estética provocadora y una capacidad única para mutar de piel con cada disco. Desde sus inicios en el underground del rock sónico hasta llenar estadios como una de las bandas más convocantes, su trayectoria es un testimonio de audacia, creatividad y una conexión inquebrantable con un público que ha crecido y evolucionado junto a ellos. Este artículo se sumerge en la fascinante historia de su discografía, un viaje a través de las diferentes eras que han consolidado su invaluable legado.
La historia de Babasónicos comienza en 1991, con una visión clara: crear algo completamente nuevo. Adrián “Dárgelos” Rodríguez y el tecladista Diego “Uma-T” Tuñón se propusieron romper con los paradigmas del rock argentino de la época. A ellos se unieron Diego “Uma” Rodríguez, Diego “Panza” Castellano, Gabriel “Gabo” Mannelli y Mariano “Roger” Domínguez. Juntos, emergieron de la ola del “Nuevo rock argentino” para convertirse en el estandarte del movimiento “sónico”, una escena caracterizada por la experimentación y las guitarras ruidosas.

Su álbum debut, Pasto (1992), editado por Sony Music, fue una declaración de principios. Con el hit “D-Generación”, la banda capturó la atención de la escena musical. El disco contó con la colaboración de figuras de peso como Gustavo Cerati y Daniel Melero, quienes apadrinaron a la joven banda. Este primer paso fue tan contundente que en 1992 ya estaban actuando como teloneros de Soda Stereo, un hito que presagiaba la magnitud de lo que estaba por venir.
Los años siguientes consolidaron a Babasónicos como una fuerza impredecible y vanguardista. En 1994, abrieron para gigantes internacionales como INXS y Depeche Mode, demostrando que su propuesta trascendía fronteras. Ese mismo año lanzaron Trance Zomba, un disco que marcó un giro audaz. La incorporación de DJ Peggyn, un hecho inédito en el rock nacional, llevó su música a un territorio que fusionaba rap, funk, hardcore y psicodelia. Se convirtieron en la primera banda argentina en tener un DJ como miembro oficial, un acto de pura innovación.
La experimentación continuó con Dopádromo (1996), un álbum que les abrió las puertas a giras por Estados Unidos y Latinoamérica, culminando en su primer show propio en el mítico Estadio Obras. Le siguió Babasónica (1997), grabado en Nueva York, que exploraba temáticas oscuras con un sonido que oscilaba entre el hard rock y el folk psicodélico, pero sin perder una estructura de canción más convencional.
La década se cerró con Miami (1999), su último trabajo con Sony y con DJ Peggyn. Este disco, si bien experimental, comenzó a mostrar un rumbo musical más definido, incorporando instrumentos no tradicionales y arreglos de cuerdas que sentarían las bases para su futura transformación.
Tras finalizar su contrato con Sony, la banda se independizó y creó su propio sello, Bultaco Records, para editar material de lados B y remixes. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en 2001. Al firmar con PopArt Discos, lanzaron Jessico, un álbum que cambió para siempre su carrera y el panorama del rock argentino. Con un sonido más cercano al pop rock, pulido y accesible, el disco fue aclamado unánimemente por la crítica, siendo nombrado el mejor álbum de la década por medios como Página/12, Clarín y Rolling Stone.
Canciones como “El loco”, “Los calientes” y “Deléctrico” se convirtieron en éxitos masivos, rotando sin parar en radios y canales de televisión. Este éxito, sin embargo, generó una división entre sus seguidores. Mientras miles de nuevos fans se sumaban, algunos de sus seguidores originales vieron este giro como una “traición” a sus raíces experimentales. A pesar de la controversia, Jessico catapultó a Babasónicos a la primera línea de la música popular, nominándolos incluso a un Grammy Latino.
Lejos de ser un éxito pasajero, la era post-Jessico consolidó a Babasónicos en la cima. Infame (2003) profundizó la fórmula, incorporando baladas y boleros con una lírica romántica y audaz. Hits como “Irresponsables” y “Putita” demostraron su maestría para crear canciones pegadizas y sofisticadas. El álbum les valió seis Premios Gardel y una gira nacional masiva que culminó en un show ante 20,000 personas en el Estadio Obras.
En 2005, llegó Anoche, producido por Andrew Weiss, que continuó la senda del éxito con temas como “Carismático” y “Yegua”. La banda recibió el Premio Konex por su trayectoria y se embarcó en extensas giras internacionales. La consagración se materializó con su primer DVD en vivo, Luces (2007), y el premio a “Mejor Banda Rock” en los MTV Latinos, consolidando su estatus de referentes continentales.
El año 2008 trajo uno de los golpes más duros para la banda: el fallecimiento de su bajista fundador, Gabriel Manelli, tras una larga lucha contra la enfermedad de Hodgkin. En medio del dolor, la banda demostró una enorme resiliencia. Carca, colaborador histórico, asumió el rol de bajista en las giras, y el grupo canalizó su energía en un nuevo disco, Mucho (2008).

Este álbum fue innovador no solo en su sonido, sino también en su distribución, siendo lanzado primero en formato para celulares antes que en CD, una movida pionera para la época. Temas como “Pijamas” y “Microdancing” mostraron a una banda madura, capaz de procesar el duelo a través del arte y seguir explorando nuevos territorios sonoros.
La década de 2010 reafirmó la capacidad de reinvención de Babasónicos. Con A Propósito (2011), la banda entregó un trabajo complejo y multifacético, recuperando parte de su filo experimental sin abandonar la estructura de canción. La presentación en el Luna Park, con una puesta en escena imponente, marcó el inicio de una nueva etapa con Gustavo “Tuta” Torres en el bajo.
En 2013, lanzaron Romantisísmico, un disco que volvía a un sonido más crudo y guitarrero, con hits como “La lanza” y “Los burócratas del amor”. Este álbum, que marcó su regreso a la discográfica Sony Music, fue recibido con entusiasmo tanto por la crítica como por el público, demostrando que la banda seguía en plena forma creativa.
Tras un exitoso período acústico con el proyecto Desde adentro – Impuesto de fe (2016), la banda volvió al formato eléctrico con una energía renovada. Discutible (2018) fue un álbum que, como su nombre indica, invitaba al debate, explorando los silencios y las texturas de una manera novedosa. La banda afirmó haber encontrado una nueva forma de hacer música, menos centrada en el rock tradicional y más abierta a la experimentación sutil.
La pandemia no detuvo su producción, y en 2022 llegó Trinchera, un álbum gestado en el aislamiento que se convirtió en un éxito inmediato. Con sencillos como “La izquierda de la noche” y “Bye bye”, la banda emprendió una de las giras más grandes de su carrera, llenando dos veces el Movistar Arena de Buenos Aires y culminando con un show consagratorio ante 55,000 personas en el Campo Argentino de Polo. A día de hoy, Babasónicos no solo celebra su historia, sino que continúa escribiéndola, demostrando que su fuego creativo está más vivo que nunca.
Una costumbre de la banda es editar álbumes con las canciones que quedaron fuera de sus discos oficiales. Esta práctica ha enriquecido enormemente su catálogo, ofreciendo a los fans una visión más profunda de su proceso creativo.
| Álbum Principal (Año) | Álbum de Outtakes (Año) |
|---|---|
| Pasto (1992), Trance Zomba (1994), Dopádromo (1996) | Vórtice Marxista (1998) |
| Babasónica (1997) | Vedette (2000) |
| Miami (1999) | Groncho (2000) |
| Jessico (2001) | Carolo (2012) |
| Infame (2003) | Inflame (2016) |
| Mucho (2008) | Mucho + (2009) |
| Discutible (2018) | Suficiente (2020) |
Definir el género de Babasónicos es una tarea casi imposible, ya que su principal característica es la mutación constante. Nacieron bajo la etiqueta de “rock sónico”, un estilo alternativo con influencias del shoegaze y el noise rock. A lo largo de su carrera han explorado el funk, el rap, el hardcore, la psicodelia, el hard rock, el pop rock, las baladas románticas, la música electrónica y hasta el bolero. Su sonido es una amalgama ecléctica que responde únicamente a su propia búsqueda artística, desafiando siempre cualquier intento de clasificación.
No existe una cifra oficial y definitiva del total de canciones de Babasónicos. Además de sus álbumes de estudio oficiales, la banda ha lanzado numerosos discos de “lados B” o “outtakes” (como Vórtice Marxista, Vedette, Groncho, etc.), que contienen canciones descartadas de las grabaciones originales. Si se suman estos lanzamientos, EPs, sencillos y colaboraciones, su catálogo supera ampliamente las 200 canciones, convirtiéndolo en uno de los más extensos y ricos del rock en español.
El primer disco de Babasónicos es Pasto, lanzado en diciembre de 1992. Este álbum es considerado una pieza fundamental del rock alternativo argentino de los 90. Con canciones como “D-Generación” y un sonido crudo y experimental, Pasto sentó las bases de lo que sería la carrera de la banda: una propuesta disruptiva, vanguardista y decidida a reformar el entendimiento de la música popular.
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