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El Destino de los Cuerpos de la Tragedia de los Andes

Por cruce · · 8 min lectura

El reciente éxito mundial de la película “La Sociedad de la Nieve” ha reavivado el interés en uno de los relatos de supervivencia más extraordinarios y desgarradores del siglo XX: la Tragedia de los Andes. Más allá de la increíble hazaña de los 16 sobrevivientes que resistieron 72 días en condiciones inhumanas, surge una pregunta solemne y recurrente: ¿Qué pasó con los cuerpos de las 29 personas que perdieron la vida en la montaña? La respuesta yace en la transformación de un escenario de desolación en un santuario de paz y memoria, conocido hoy como el Valle de las Lágrimas.

El Escenario del Milagro y la Tragedia

El 13 de octubre de 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que transportaba al equipo de rugby Old Christians Club, se estrelló en el corazón de la Cordillera de los Andes. El impacto fue brutal: la cola y las alas se desprendieron, y el fuselaje se deslizó a una velocidad vertiginosa por la ladera de una montaña hasta detenerse en un glaciar remoto en la frontera entre Argentina y Chile. Este lugar, inaccesible y helado, se convertiría en el hogar y tumba de sus ocupantes durante más de dos meses. A pesar de que el Hotel Termas El Sosneado se encontraba a solo 22 kilómetros en línea recta, la geografía imposible y la desorientación llevaron a los expedicionarios Nando Parrado y Roberto Canessa a caminar casi 40 kilómetros en la dirección opuesta para encontrar ayuda, un viaje que finalmente salvaría a todos.

¿Qué significa Cutral Co en mapuche?
Cutral co: arroyo de fuego.

La Expedición Post-Rescate: Una Misión de Cierre

Una vez que el mundo supo del milagro y los 16 supervivientes fueron rescatados, las autoridades chilenas y uruguayas organizaron una expedición para regresar al lugar del accidente. Esta comitiva, compuesta por 13 personas, incluía miembros del Cuerpo de Socorro Andino de Chile, oficiales de la Fuerza Aérea de Uruguay y, de manera fundamental, un sacerdote llamado Iván Caviedes. Tenían dos misiones principales: investigar las causas del siniestro y dar un entierro digno a los fallecidos.

Al llegar, encontraron los restos del Fairchild en un estado diferente al que los sobrevivientes habían dejado. El deshielo provocado por el verano austral había elevado el fuselaje casi un metro y medio sobre la nieve. La primera acción de la expedición fue simbólica y práctica: rociaron el interior del fuselaje con combustible y le prendieron fuego. Como relata Piers Paul Read en su libro “¡Viven!”, el fuerte viento avivó las llamas rápidamente. Esta cremación del avión buscaba cerrar un capítulo doloroso y evitar que el lugar se convirtiera en un destino de turismo morboso.

Una Tumba Común en la Inmensidad Andina

La tarea más delicada era la recuperación de los cuerpos. El deshielo que había afectado al avión también facilitó esta labor, dejando al descubierto muchos de los restos que habían sido sepultados por la nieve y las avalanchas. La expedición trabajó con sumo respeto para reunir los cuerpos de las víctimas.

A unos 800 metros del sitio donde reposaba el fuselaje, encontraron una pequeña planicie rocosa, un lugar menos propenso a las avalanchas y con tierra suficiente para cavar. Allí se tomó la decisión de crear una fosa común para dar descanso eterno a los fallecidos. En esta tumba reposan los restos de trece cuerpos que se encontraron intactos y los restos parciales de otras quince personas. Fue una decisión pragmática y respetuosa, uniendo a las víctimas en un último abrazo en la misma montaña que les arrebató la vida.

La Creación de un Santuario de Memoria

El lugar de la sepultura no quedó como una simple fosa anónima. La expedición erigió un modesto altar de piedras y, sobre él, instaló una cruz de hierro de color naranja. En esta cruz grabaron dos mensajes conmovedores que encapsulan el sentimiento global que generó la tragedia. Por un lado, se lee: “El mundo a sus hermanos uruguayos”. Por el otro, una plegaria de esperanza: “Cerca, oh Dios, de ti”. El padre Iván Caviedes ofició una emotiva misa y pronunció un sermón, bendiciendo el lugar y convirtiéndolo oficialmente en un camposanto.

Con el paso de los años, este acto de cierre se convirtió en el inicio de una nueva historia para el Valle de las Lágrimas. El sitio se transformó en un punto de peregrinación. En marzo de 2006, las familias de las víctimas instalaron cerca de la cruz un obelisco de color negro, un memorial que honra tanto a los que fallecieron como a los que sobrevivieron, uniendo para siempre a todos los pasajeros del vuelo 571.

Comparativa del Sitio: Antes y Después del Rescate

Elemento Durante la Supervivencia (1972) Después del Rescate (Hoy)
Fuselaje del Avión Refugio vital contra el frío y las tormentas. Restos quemados y esparcidos, integrados en el paisaje.
Cuerpos de los fallecidos Preservados en la nieve, fuente de un dilema moral y sustento para los vivos. Sepultados con dignidad en una fosa común bajo una cruz y un altar.
El Valle Una prisión de hielo, un lugar de desolación y lucha. Un santuario de paz, memorial y destino de peregrinación.

Un Legado Vivo: Peregrinaciones y Recuerdos

El vínculo de los sobrevivientes y las familias con el lugar nunca se rompió. Las visitas al Valle de las Lágrimas se convirtieron en un ritual de sanación y recuerdo. El padre de Nando Parrado, que perdió a su esposa y a su hija en el accidente, visitó la tumba 17 veces. Álvaro Mangino, otro de los supervivientes, regresó en siete ocasiones. En uno de esos viajes, su hijo encontró un pequeño plato de plástico en el que su padre cortaba la carne para sobrevivir, con su nombre “Álvaro” aún visible, un testimonio tangible de la lucha por la vida. Estos actos demuestran que, aunque la montaña fue escenario de un dolor inmenso, también es el lugar donde sus seres queridos descansan en paz, en un entorno de una belleza majestuosa y sobrecogedora.

Preguntas Frecuentes

A continuación, resolvemos algunas de las dudas más comunes sobre el destino final de las víctimas y el lugar del accidente.

  • ¿Dónde están enterrados exactamente los fallecidos del vuelo de los Andes?
    Los restos de 28 de las 29 víctimas mortales (el cuerpo de Rafael Echavarren fue recuperado por su familia) descansan en una fosa común ubicada a unos 800 metros del lugar donde se detuvo el fuselaje del avión, en el Valle de las Lágrimas. El sitio está marcado por un altar de piedra y una cruz de hierro.
  • ¿Se puede visitar el lugar de la tragedia?
    Sí, es posible visitar el memorial. El Valle de las Lágrimas se encuentra en una propiedad privada en Mendoza, Argentina. El acceso se realiza principalmente a caballo o a pie a través de excursiones organizadas por empresas de turismo aventura registradas, que garantizan la seguridad y el respeto por el lugar.
  • ¿Qué queda del avión Fairchild hoy en día?
    Muy poco. Tras la expedición de rescate, el fuselaje fue incinerado para evitar que se convirtiera en un objeto de curiosidad morbosa. Hoy en día, pequeños fragmentos de metal retorcido pueden encontrarse esparcidos por la zona, como cicatrices metálicas que el glaciar va revelando con el tiempo.
  • ¿Por qué el lugar se llama “Valle de las Lágrimas”?
    El nombre fue acuñado posteriormente en referencia al inmenso sufrimiento y las pérdidas humanas que ocurrieron allí. Es un nombre que evoca tanto el dolor de la tragedia como la emoción del milagro y el recuerdo de los que no volvieron.

En definitiva, la historia de lo que ocurrió después del rescate es tan profunda como la propia odisea de supervivencia. El tratamiento de los cuerpos y la transformación del lugar en un santuario demuestran un profundo respeto por la vida y la muerte. El Valle de las Lágrimas ya no es solo el escenario de una tragedia, sino un poderoso símbolo de memoria, resiliencia y el vínculo eterno que une a los vivos con aquellos que descansan en la majestuosa paz de los Andes.